Hay momentos en la vida que lamentamos profundamente por el dramatismo de los sucesos que se nos presentan de forma espontánea, de forma sorpresiva, sin avisar. Momentos como los acontecidos en España el 11 de mayo del presente 2011. Hay minutos iniciales en los que el silencio, el dolor y la solidaridad se unen inexcusablemente a la impotencia, y a la incomprensión de ciertas formas y reacciones antes, durante y posteriores a las catástrofes.
Vaya por adelantado nuestro más sentido pésame por las víctimas del terremoto que asoló Lorca, dejando nueve victimas mortales, una gran cantidad de heridos y cientos de personas damnificadas sin vivienda donde regresar tras el temblor que removió los cimientos de sus vidas y quizás las cambió para siempre.
Ante un suceso de estas características, en un país que se presupone civilizadamente avanzado, inicialmente han de surgir las primeras reacciones de solidaridad y búsqueda de paliativos para tratar de mitigar el shock al que se enfrentan las víctimas, así como evidentemente la ayuda a los sistemas de emergencias, sanitarios, fuerzas de seguridad, etc... que en todo momento han de sentirse apoyados moral y económicamente por los fuertes brazos de una sociedad reconocida a nivel internacional como una de las más solidarias. Tiempo hay después para depurar responsabilidades si es que las hubiera, o para hacer análisis causales y acabar determinando, como siempre pasa, que las cosas no son como se hacen, sino como realmente se debieran hacer.
Sin embargo el motivo de este artículo, no es entrar en estas vicisitudes, sino analizar, tras unos días de reflexión y calma, tras ese impacto inicial al que todos respondemos con aparente igualdad de actitud, y que tras los acontecimientos uno reflexiona, a la comodidad de la silla, con la compañía de grandes amigos virtuales, y se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce.
En primer lugar hay que destacar la pésima actuación de algunos pseudo-periodistas, que realizan una lamentable cobertura mediática de los sucesos que acontecen en Lorca, dando, como en tantas otras ocasiones, más prioridad al sensacionalismo que provocaba la noticia, que al dramático hecho que nos abrazaba ese día. Quizás vivir los efectos de un terremoto en directo, con caída de fachadas, edificios, etc, sea más importante para muchos, que el significado fácilmente visible de este acontecimiento natural. Sin embargo creo sinceramente que eso choca frontalmente con la imagen de esa España solidaria y ejemplar que otros muchos tratan de vender al extranjero.
Hoy es tiempo para replicas a lo acontecido, y volvemos a vislumbrar que la crisis no solo afecta a los términos económicos, sino también a fachadas morales y lo que es muy grave a un periodismo delatado por sus propios procederes. Un ejemplo de lo que digo, es la exhibición de las fotografías, en diversos medios de comunicación, mostrando algunas de las víctimas del terremoto. Tan solo cabría esperar que a la crudeza de las imágenes se antepusiera la voluntad de uno mismo por ocupar momentáneamente el lugar de los familiares del fallecido, para darse cuenta de la improcedencia en la publicación de dichas instantáneas, sin embargo esto no fué así.
Recuerdo que una persona me dijo que las fotos en la calle son libres, por supuesto que se que lo son, pero hasta cierto punto ha de entrar en funcionamiento el resorte deontológico o ético para determinar si algo, solo por respeto a las familias o a las víctimas, es publicable o no.
Otra persona, a través de la televisión, dijo que muchas de las fotografías que se exhibían públicamente a través de la red, eran realizadas por los propios transeuntes y personas que en aquel momento, en la calle, pudieron vivir todo cuanto sucedió. Sí, estoy de acuerdo que hoy en día, gracias a los móviles, se graba absolutamente todo y se le saca fotos absolutamente a todo, ese sería otro tedioso debate que nos llevaría a profundas conclusiones, pero lo que no es menos cierto, es que la determinación de la publicación de según qué imágenes, sigue formando parte de la ética periodística de la que tanto alarde se hace en las facultades y que después, en algunos casos parece que se obvia y hasta se olvida.
Por supuesto esto es una opinión bastante generalizada, más de lo que en un principio yo mismo creía, incluso algunos amigos periodistas han criticado con bastante más dureza que la mía, esa falta de un principio de humanidad que se ha de presuponer y que ha de primar por encima de cualquier share, o sensacionalismo mediático.
Fíjense hasta que punto somos tremendamente majaderos, que la catástrofe del terremoto y tsunami de Japón, se minimizó hasta tal punto, que hoy prácticamente nadie habla de ello ni percibe el alcance de dicha tragedia, y todo porque en su momento se vendió la imagen del pueblo Japonés, prácticamente como unos super héroes capaces de superponerse ante todo gracias a su filosofía de vida y gracias a los sistemas anti terremotos que tienen una parte de sus edificios. Yo me pregunto... ¿En que momento hemos perdido parte de la cordura?...
A esto se une una segunda decepción, quizás envuelta en el mismo poder místico que han generado inicialmente ese tratamiento "informativo" y sensacionalista que ha empujado la bola de nieve ladera abajo. Y es la simultánea aparición de una especie de personajes, que hacen de todo cuanto perciben un signo más de un acontecimiento apocalíptico. Si no se profetizó con bastante anterioridad, se predice en el acto y arreglado. Si esto ha caido de 11, es signo inequívoco que se trata de una señal del fin del mundo, porque desde los atentados del 11s, el 13 perdió su dignidad de maligno y ahora es el 11, "los pelos del diablo" según la canción lotera, quien ha de ocupar el lugar de número fatídico. Mi amigo Fran, señaló muy acertadamente, la indignante fama que se le viene dando a este número, y que proviene exclusivamente del acontecimiento del 11s, desde el que, en palabras de Fran, "se comenzó a contar de cero", "toda calamidad que surja en día 11, es fatídico, maligno e incluso apocalíptico, pero solo a partir del 11s en adelante, del 11s hacia atrás, hasta entonces, no se ha tenido en cuenta nada de lo sucedido, y mira que entre ello cabe destacar el 11 de julio del 78, cuando se produjo la tragedia del Camping de los Alfaques." Sin ir más lejos, que a buen seguro si fueramos a fechas anteriores, cada 11 de un mes, encontraríamos un motivo para señalarlo más en negro si cabe, en el calendario.
"me parece tan absurdo como indignante, ¿porqué no se ha empezado a contar como día apocalíptico el 11, a partir de la catástrofe, por poner un ejemplo, del camping?.", es la pregunta que tanto mi compañero, como cualquier mente medianamente pensante nos hacemos por lógica, y por supuesto con todo el respeto por todos los acontecimientos terribles que sucedieron, no solo de 11, sino de cualquier número del calendario.
Es obvio que las ganas de iluminar el camino de lo absurdo, son más grandes que las de poner un poco de cordura, sentido común y raciocinio a todo cuanto nos sucede. Es más facil vender la maldad del 11 y las profecías apocalípticas, porque de esa manera podremos obtener pingües beneficios salvando almas, o bien económicamente o bien egocéntricamente, que aportar parte de nuestros beneficios en ayudar a paliar la grave situación que se les ha presentado a las víctimas del dramático suceso.
A tenor de lo último que he citado, resulta interesante un estudio sociológico que a priori se puede constatar sin tener que profundizar mucho, y es el de las distintas reacciones en las redes sociales, en ellas se junta toda una fauna de reacciones totalmente absurdas, por su ineficacia y contradicción. Por un lado están aquellos que se pasan la vida compartiendo solicitudes de donaciones para diversos tipos de asuntos, pero a la hora de la verdad, ante una catástrofe humana no publican ni comparten ningún enlace de ayuda. Por otro lado están los que critican la poca solidaridad de los demás, y después lamentan primero el hecho de que se quedan sin vacaciones por los efectos de la catástrofe, que las muertes de propia catástrofe. Por otro lado están quienes se ponen lacitos, chapitas y diversas chorradas presuntamente solidarias y ni siquiera envian un sms a cualquiera de los números de solidaridad oficiales para aportar 1,20€ de ayuda. Resulta paradógico, que antes de publicar los telefonos, correos, cuentas de ahorro y demás medios solidarios, se publicitan mensajes de profetas magufos de tres al cuarto, que predican la llegada del fin del mundo e incitan a suicidios en masa, puesto que no aportan ninguna forma de evitar las catástrofes que erroneamente anuncian y tampoco dicen a que medios oficiales nos tendríamos que dirigir ante una eventual catástrofe mundial de las que anuncian.
A todos los esbirros o servidumbre, como destacó nuestro compañero Mikel Navarro, que publicitan todos y cada uno de los mensajes de estos profetas caraduras, agoreros, adivinos, magufos, etc..., que durante y después de la catástrofe, siguen solo publicitando sus trabajos, y reincidimos, en que no publicitan la información de ayuda que ahora mismo es más necesaria, les pediría que, en caso de necesitar ayuda sanitaria, se la pidan a su iluminado, que parece ser quien les va a salvar de todo, y así, al menos, contribuirán a no colapsar los servicios públicos sanitarios. Creo que es lo único a lo que pueden contribuir.
Debemos agradecer, la postura tomada por algunos de nuestros compañeros y amigos, al introducir en sus programas reflexiones y debates al respecto de este asunto tan controvertido y lamentable, así pues a David Mulé de Tras los Limites de Sol FM (Alicante), a Juan Miguel Marsella de Seamp de Extrañologías (Madrid), Así como otros medios de comunicación.
Sin más, les enviamos un saludo y esperamos que todos reflexionemos lo suficiente como para ser cada día más críticos.
Fdo; Dany A. y Franfarrón Z.
pon otro tipo de fuente, que asi cuesta un web leerlo! felicidades por el articulo, un saludo
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